Nunca pensé que mi vida sería así. Y es que haber vivido en dos países tan diferentes el uno del otro es solo imaginación de algunos, que tienen en su cultura y formación que desde muy jóvenes viajen como algo natural. Pero de mi parte no fue así. Sino que al contrario, viví hasta los 26 años en Tenerife donde nací. Desde niña para mí, eso de viajar, ni siquiera en sueños, porque no podíamos costearnos unas vacaciones en el sur,como lo hacía la mayoría de los chicharreros. Los meses de verano de la escuela eran para estar en casa y ver como otros disfrutaban. Tuve oportunidad de viajar en para fin de curso de la escuela, pero por las finanzas fue frustrado hacerlo. Ya con más edad si hice mi primer viaje a Sevilla, obligado por mi formación para un trabajo como dependienta. Lloré como una niña al estar saliendo de Tenerife, ¡que amargo!. Estuve dos semanas interminables hasta volver y sentir de nuevo la seguridad de estar en casa. Después viaje de vacaciones a Costa Rica, crucé el Atlántico, eso si fue una azaña, ¿no lo creen?. Bueno ya ganaba mis perritas trabajando. Así que fue como diciéndome a mi misma, que si no podía ir cerca, ahora me iría tan lejos como fuera posible. Para mi tercer viaje, ya con relación a quedarme a vivir y extrañar mi tierra, fue cuando murieron mis padres que fue lo que me llevo a irme. Ellos murieron jóvenes y el mismo año, como dicen en Tenerife….comenzando a vivir… Mi panorama cambió y es que ya no veía las cosas iguales sino que ahora quería experimentar lo que era dejar las cosas atrás pero no abandonarlas. Pensaba regresar en tres meses y me quedé 17 años viviendo en República Dominicana. Viajaba a Tenerife cada vez que podía y al principio no fue tan a menudo. A los dos años de vivir allí comencé a extrañar y sentir que había un abismo. Extrañaba todo y cuando quería conectarme escuchaba música de folklore y terminaba llorando y preguntándome que hacía tan lejos una chicharrera. Bueno, hay más que contar de como extrañaba y otras cosas, pero he de llegar al punto donde estoy ahora porque es más actual. Desde Santo Domingo, capital de la República Dominicana viajé hasta Holanda por trabajo. Trabajé en un hotel como limpiadora por tres años y ahora permanezco interna en una casa cuidando de tres niños. Cuando llegué a Holanda pensé que ya era hora de plantarme en un sitio y que si ya estaba en Holanda debía insistir que todo mi esfuerzo y energía se quedaran aquí pues no quería seguir viajando y mudándome más. Intente volver a Tenerife antes de decidir quedarme en Holanda, pero estuve siete meses solo intentando recuperar mi estatus como renovación de DNI, empadronamiento, curriculum y vi que me iba a ser muy difícil empezar sin tener ahorros pues me di cuenta que había mucho tiempo detrás que no estaba y ahora no tenía la formación y trayectoria para aplicar a un buen trabajo tan rápido como necesitaba, pero quería mucho hacerlo. Así que a muy pesar mío me quedé en Holanda hasta que hace un año me sorprendí con la idea de un negocio en Tenerife, me animaron y comencé a formarme como empresaria. Comencé a considerar que mis planes de quedarme podrían de nuevo cambiar por cosas del destino. Ahí es cuando vi claro lo mejor que podía hacer y era ahorrar y volver a Tenerife. Vi a Tenerife desde una perspectiva de solución porque me ofrecerá lo que necesito, la oportunidad. Volver al calor y el sol pues aquí es gris y fío, es lo que no me gusta de Holanda. También la gente amable y sencilla de Tenerife que no la he encontrado en otros sitios. Poder vivir en mi isla donde nací y terminar allí es como un sueño para mí. Estar cerca de mis hermanos y sobrinos, Vaya no esperaba volver así como no esperaba salir, pero el que todo lo mueve allá arriba me sorprendió. Volveré…. a meter los pies en la arena, a caminar por la avenida Anaga y la plaza de España,a comer galletas de fresa del kiosco y pipas,, a pasear debajo de las palmeras, a comer leche con gofio, a mirar el mar…….. Tenerife 

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