Me acuerdo, como en su mirada, había un destello de añoranza y melancolía, al relatar como su padre Pedro José González Romero emigro a Cuba y como únicos equipajes, traía a sus dos hijos y en sus zapatos una doble suela, donde escondió el poco dinero que había juntado.

Su vista se nubla, su voz se apaga y poco a poco, vuelve a la carga el hijo mayor de Pedro; Carmelo González Acosta, que jamás imaginó, cuan fuerte sería su misión en la tierra que lo acogía.

Día a día, nos adentrábamos en los sucesos de la emigración se sentía tan canario y a la vez se entregaba por entero a fortalecer los lazos entre ambas islas, natural de las “Rehoyas”, barrio del Municipio de Las Palmas de Gran Canaria, nació el 11 de mayo de 1933. Le tocó sufrir los rigores de la Guerra Civil Española, de la II Guerra mundial y el fallecimiento del ser, que lo trajo al mundo, cuando sólo le faltaban 5 días para cumplir 9 años, y además la emigración.

No olvido como me hablaba de su rinconcito canario, de cada lugar: de sus playas, escuelas, del empaquetamiento de tomates, del lavado de ropas en la Acequia, de la matanza de cochinos, la limpieza de la guagua, de sus primeros zapatos, a los 8 años, de su coche de pedales, de su pastoreo de cabras, La lucha canaria, de las fiestas: “La Noche de San Juan”, “La Bajada de la rama de Agaete”, tenía presente como miles de danzantes recorrían las calles mientras agitaban ramas en el aire para ofrecérselas a la Virgen de las Nieves, “La Fiesta de los pescadores”, “El Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria”, “Corpus Christi”, “Las Fiestas del Pino”, “Fiesta del almendro en flor”. Me murmuró “y qué decir de las brujas”, hasta les tenía miedo, niño al fin, El aunque no era su isla; vuelve a hablar de su padre y me comenta “él me contaba acerca del Silbo Gomero” allí en la isla “La Gomera” era utilizado como vía de comunicación, especie de lenguaje, por la existencia de barrancos, por eso ha tratado que los jóvenes de hoy, conozcan acerca de esto.

Repasaba con nostalgia cada suceso y para mostrar ese terruño natal creó la Asociación Canaria de Cuba “Leonor Pérez Cabrera” el 16 de junio de 1992, uniendo a los descendientes y nativos canarios que también, como él, emigraron a Cuba. Está asociación la hizo eco, a lo largo y ancho de todo el archipiélago cubano.

En cada cubano hay un canario y en cada canario, un cubano, Nuestro hablar, nuestros dicharachos, nuestras creencias, nuestra fuerza, y un sinfín de costumbres, este hombre las logró enaltecer con orgullo.

Y ahí viene, lo real maravilloso entrar a este lugar es volver a las Islas Canarias, encuentras las costumbres y tradiciones 100% reflejadas con amor. Considerando muy importante mantener sus músicas y bailes folclóricos, con sus típicos trajes, su gastronomía, artesanía y manualidades.

Gracias a su humanitaria labor y auspiciado por el Gobierno de Canarias, se ve y oye el susurrar de unas personas de la III edad, todos muy bien uniformados, descendientes y naturales que conforman el grupo “Renacer” que con tanto orgullo creó. Cada uno de ellos, ya no son los mismos, desde el fatídico día, de su adiós.

Hoy sentimos con gran pesar, su desaparición física el 21 de noviembre del 2018, si camino por los pasillos de esa bella sede, me parece verlo, escucharlo, su nombre resuena como uno de los más ilustres canarios, que un día llego a Cuba para hacerla suya y en ella tener su rinconcito canario.

 

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