Entre las últimas cartas personales recuperadas por los expertos del inimitable escritor canario Benito Pérez Galdós, un investigador halló una misiva inédita en la Biblioteca Nacional, oculta entre las páginas de una primera edición de Marianela. La carta está fechada el 25 de octubre de 1862, hace poco más de un mes que el escritor canario acaba de llegar a Madrid, y está dirigida a una joven llamada María Josefa Washington de Galdós, conocida en la familia como Sisita y prima del joven Galdós que apenas tiene 19 años y que vierte en estas pocas letras toda la angustia de alguien que ha abandonado de forma forzosa y precipitada el domicilio paterno.

Reproducimos la carta suprimiendo algunos pasajes, centrándonos en la relación con la joven amante y eludiendo algunos pasajes en los que Galdós hace duros reproches a miembros de su familia.

Querida Sisista.

Casi un mes en esta pensión de la calle de las Fuentes, a un paso del Palacio Real y a un millón de años de ti. No puedes imaginar lo que es para mí estar en Madrid sin ti, o lo que es peor, con tu recuerdo y el de mi isla de Gran Canaria de la que no encuentro ni sombra por estas calles estrechas y oscuras de la Corte.

¿Dónde estás amada mía? ¿Dónde paras? ¿Te regresaron a La Habana? ¿Sigues en la casa familiar? Si estás en nuestra casa, y te llega esta carta y te dejan leerla, escríbeme por favor, no sabes cuánto necesito tus palabras, cuanto deseo escuchar tu voz suave y caribeña que mi mente reproduce cada vez que encuentro un poco de soledad.

¡Qué importante son las palabras para mí, Sisita! ¿Nunca te han dicho que las palabras curan? Ahora entiendo bien, querida, a todos esos paisanos, a todos nuestros hermanos que cruzaron el océano, pero dejaron sus vidas en nuestras islas. Sí, amor, la vida se queda allí, entre nuestro cielo infinito y el mar que lo sujeta, entre el aroma a tierra y a sal, entre nuestra gente querida. Ahora lo sé, querida, ahora entiendo esas cartas desesperadas de los que partieron a Cuba o a Venezuela, ahora puedo ver sus lágrimas atrapadas entre las palabras escritas, ahora sentir sus adjetivos desgarrados, su deseo incombustible de la vuelta a nuestra casa.

Pero no quiero que sufras por mí Sisita. Has de saber que los que salimos de las islas nos hacemos más fuertes, y que día a día voy haciendo mía esta ciudad inmensa que tiene todo un mundo por descubrir.

En Madrid procuro tener mi tiempo ocupado, cuando estoy con ánimo voy a la Universidad, he empezado a ir al teatro y he encontrado gente muy interesante en algunos cafés con los que mantenemos largas charlas sobre política y literatura. Podía decirse que hago lo que siempre he deseado si estuvieras aquí, amor, si esta lejanía de tu amor y de tu tiempo no me tuviera con la mente en Las Palmas en vez de en mis estudios y mis proyectos.

Si lees esta carta respóndeme Sisita, dame palabras de ánimo, palabras cálidas con las que calentarme en este otoño madrileño, palabras que me traigan tu amor y la luz de mi tierra.

Hasta pronto amor.

Así termina la carta de Galdós a Sisita, es la única que se ha encontrado del escritor canario dirigida a su prima, no sabemos si ella la llegó a leer y si pudo responderle. Sí se sabe con certeza que al año siguiente, en vacaciones, Benito viaja a Las Palmas y se produce un breve reencuentro, pero eso es ya otra historia.

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