¿Quién no recuerda haber leído, alguna vez, en la historia del pueblo canario, acerca de la emigración, cuando, hace siglos, tenían que marchar, por necesidad, a otros lugares, principalmente a la isla de Cuba?

Partían con tristeza absoluta, pero también con mucha ilusión, por encontrar un mundo mejor, una vida con más oportunidades, allí en La Habana, y en otros destinos. Los canarios estaban repartidos por muchos lugares, aunque su corazón permanecía en su isla, siempre. Tenían que abandonar su sitio para buscar su porvenir en forma de trabajo. Emigraban buscando algo más, poder sumar algo a una vida en la que todo restaba, esa era su bandera multicolor que ondeaba en el viento de los mares.

Unos se iban solos, con el afán de poder trabajar en lo que les permitiera ganar algo de dinero para enviárselo a su familia, que acaso quedaban en la otra orilla, desasistidos y expectantes. Otros partían con su familia, asumiendo en las travesías cuantos peligros les pudieran acechar, como esas tempestades tropicales que les conducían, a veces, hasta la misma puerta de la muerte, abandonados a la intemperie, al hacinamiento y a unas condiciones pésimas de salubridad.

Las condiciones eran terribles, penosas, pero, sin embargo, a pesar de todo, eran seres movidos por la tenacidad de la esperanza que marcan los sueños.

Había veces que desaparecían sin más, y por mucho empeño que pusieran su mujer y sus hijos, jamás daban con su paradero, nadie sabía nada, ni les conocían, todo era un misterio.

Qué desesperación y qué invasión de tristeza.

Algunos volvían a su tierra canaria con los bolsillos vacíos de dinero y llenos de dolor.

Hubo muchos cientos de canarios que murieron ahogados en las aguas bravas y tormentosas de la otra orilla. Uno no puede por menos de emocionarse cuando lee tantos nombres de personas que perecieron en el intento. ¿Dónde quedaron sus ilusiones y las de sus familias?.

Quiere contar la leyenda que, por cada uno de los canarios que se perdieron en la inmensidad del mar, de las distintas zonas: de las Palmas, de Telde, de Arucas, de Santa Brígida,Valleseca, Tejeda, Teguise, Tías, Haría, Femes…, nació una estrellita para iluminar su cielo único, irrepetible.

Y por hablar de otras cosas que me fascinan del pueblo canario, traigo a colación la grandeza de sus tradiciones , que son muchas y muy significativas. Por poner algunos ejemplos, me llaman la atención las danzas para invocar a la lluvia; las fiestas de carnaval, tan vistosas, con sus disfraces y cabalgatas, o la típica fiesta de los indianos, que atrae , no sólo a los isleños, sino también a los peninsulares , e incluso a los extranjeros.

Las fiestas en honor a la Virgen, auténticas romerías, amenizadas con música, en las que se degusta comida típica del lugar.

La fiesta de Corpus Christi, de la Orotava, dicen que es la más colorida de las que se celebran en Tenerife, se trata de un auténtico espectáculo floral, es un regalo para los sentidos, de lugareños y foráneos.

Los canarios son tan hospitalarios, que cuando llego allí no me quisiera marchar, por eso siempre vuelvo.

¡Viva el pueblo canario y vivan sus tradiciones!.

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