Estimado Pueblo Canario, en estas cortas líneas les voy a relatar sobre mi bisabuelo, marino y pescador, quien llegó a Venezuela proveniente de las Palmas de Gran Canarias (San Cristóbal) en 1874, con su esposa y 3 hijos pequeños. En ese año Venezuela buscaba incentivar la inmigración. La inmensa mayoría de los isleños que abandonaban su tierra eran personas humildes, que buscaron una mejor calidad de vida, de progreso y futuro para su descendencia. Bajo este escenario heroico, migraron muchos, aventurándose a cruzar el Atlántico valientemente.

Para la época en que mi bisabuelo llegó a Venezuela, en las ciudades cercanas a los puertos, se fundaron colonias de canarios. Mi bisabuelo se estableció frente al Puerto de La Guaira debido a la cercanía al mar y su maravilloso parecido a Las Palmas de Gran Canarias y su adorado Puerto de la Luz. Aquí tiene 4 hijos más con su esposa. Y a la par llegaban de Canarias toda su familia (madre, hermanos, tíos, etc.). Para el año 1900 aproximadamente mi bisabuelo enviuda y regresa a Canarias nuevamente donde conoce a mi bisabuela una bella canaria de la Calle El Cano, Las Palmas de Gran Canarias, con quien se regresa a Venezuela en 1907 y tienen 6 hijos, siendo mi abuelo el ultimo, nacido en 1914. Mi bisabuelo finalmente fallece aquí en Venezuela en 1938 de 92 años, llevando a Canarias en el alma y el corazón.

Para mí es un honor este relato, ya que representa el acercamiento a mis raíces. A ese sentimiento que tenemos cada uno de los descendientes de esos canarios luchadores que en algún momento tuvieron que salir de su amada Canarias, para darnos a nosotros, su sangre, un mejor futuro, dentro de todas las adversidades que en aquel momento se presentaban. Agradezco a la vida por esa oportunidad, ya que mi familia se estableció como comerciantes en la ciudad de La Guaira, fundadores de mucho progreso. Hoy agradezco, por impulsar la iniciativa en la cual reconocen nuestra cultura, antecesores y nuestra sangre canaria.

Aquí en La Guaira, siempre mantuvimos vivas las tradiciones canarias y españolas, con la gastronomía. Eran costumbre en la semana sopa de judías blancas o pintas con paticas de cerdo. Los sábados las papas arrugadas con mojito verde o rojo (el mojito nunca podía faltar), pescado frito, ensalada de berros y rábanos. En las reuniones familiares del domingo en casa de la abuela: sopa de rabo, sopa de garbanzos con chorizo español, y la casquería. En ocasiones especiales: mariscos a la vinagreta, la zarzuela de mariscos y costillas de cerdo con papas. Mi abuelo criaba conejos y a mi padre le encantaba el conejo al salmorejo. En navidad: la pata de cerdo asada y a la hallaca venezolana mi abuela le colocaba el toque español con un trozo de tocino, garbanzos y una almendra. Si viajábamos a las montañas, comíamos la morcilla, el chorizo y el cochino frito. En el desayuno mi familia comía el gofio canario con leche y un jugo de berro con leche, para crecer fuerte. Se mezclaron ambas culturas y comíamos arepa venezolana con bacalao o pescado salado o hígado frito. Y de postres, los preferidos de mi familia son el arroz con leche, la crema de batata, el cabello de ángel, el quesillo, los churros con chocolate, suspiros, las roscas, torticas de plátano, gofio dulce, etc. También los vinos han formado parte de nuestra mesa, junto con las aceitunas y las cañas.

Las frases canarias son parte de nuestro léxico: fos (mal olor), chacho (muchacho), cholas (sandalias), enchumbado (empapado), etc. Culturalmente crecimos bajo los sonidos acordes de las cuerdas de las guitarras y del pasodoble español. ¡Y Olé! ¡Que Viva España! eran las expresiones más comunes en las celebraciones familiares. Además de los chistes, expresando la alegría canaria y los bailes en el Club Canarias. Mi abuelo siempre decía que jamás olvidáramos que somos de Las Palmas de Gran Canarias, España. Me despido orgullosa de ser descendiente y tener sangre canaria. Amo a Canarias sin conocerla físicamente. Y como no amarla, si todas mis líneas genealógicas confluyen en Canarias. Espero que mi sentimiento cruce el Atlántico y que el viento de la mar los lleve hasta ustedes y mi terruño ¡Y Olé!

 

Votar Relato