Desde que se libró a Magec del fuego
de Guayota en el Teide, se asegura
que el dios guanche su luz en la espesura
de Anaga tiene oculta como un juego.

Entre las laurisilvas, qué sosiego
tiene la luz canaria, la más pura,
fugitiva febril de la aventura
y esclava de la tierra cual labriego.

Por eso, cuando el guanche parte lejos
del cielo de Achamán en las Canarias,
sus ojos ve llorar y hacerse viejos.

Chaxiraxi, las luces milenarias
de Canarias conserva en sus espejos
y quien migra se va sin luminarias.

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